
“La educación primero al hijo del obrero”. Así rezaba la consigna popular en las manifestaciones de los pingüinos el año 2006. Fue unaexpresión del malestar profundo del alumnado frente a una política educacional que desde hace 50 años no hace más que empeorar.
La educación es de aquellos conceptos de los que todo el mundo habla, quiere y desea, pero que por una extraña razón -muy a nuestro pesar- no deja de ser eso: una palabra llena de buenas intenciones, una mera expectativa lamentablemente muy lejana.
Una de las razones por las cuales la discusión respecto a la política educacional enciende y ahoga los espacios de consensos, está en el cómo criar a nuestros hijos, cuestión que se vincula directamente con factores como el componente ideológico, social y económico presente en cada sala de clases, en cada mesa e incluso en cada libro utilizado por los millones de alumnos para aprender la historia de nuestro país.
La educación pública es decadente, la desigualdad presente en Chile es gravísima y los mejores colegios de nuestro país -aquéllos que sobresalen más por sus nombres en inglés y trayectoria de formación de elites- son internacionalmente “ahí no más”. Sí, señores: muy a pesar de nuestra tranquilidad mental, nos encontramos en tal estado de decadencia que en cualquier minuto nos veremos enfrentados a una epidemia de analfabetismo funcional grave. A ello agreguemos la situación de los profesionales sin conocimientos apropiados para sus funciones y la de los profesores que no entienden lo que leen o que apenas saben sumar y restar. Ellos -así como nosotros- son los responsables de la construcción del futuro del país y de su “eventual” desarrollo.
Si a usted le preocupa que su hijo haga las tareas y que no tenga problemas conductuales, preocúpese también de algo que es de mayor importancia y profundidad: que su hijo reciba una buena y correcta educación. Si esperamos que alguien haga algo por nosotros, estamos muy equivocados, ya que en la omisión de todos descansa la falta de remedio de esta patética realidad.
Las soluciones a la política educacional están planteadas hace tiempo y no dejan de apuntar a sus principales actores: Colegio de Profesores, Estado y alumnado. Es en la relación de éstos donde recae la problemática y fundamentalmente el capricho de ciertos sectores que actúan escondidos bajo argumentos que no hacen otra cosa que proteger sus verdaderas intenciones egoístas.
Una reforma al Estatuto Docente es clave y urgente. Sólo así se puede garantizar la calidad de la educación que reciben nuestros hijos.
Existe cantidad, pero nos falta mucha calidad. De la oferta académica existente no hay bastantes críticas que realizar, a excepción de la necesidad de más Centros de Formación Técnica e Institutos Profesionales que permitan una debida especialización y mayores índices de empleabilidad para frenar el evidente lucro que, si bien ayuda a aumentar la oferta y promueve la variedad, sin una correcta regularización llegan a convertirse no más que en otro síntoma de esta enfermedad.
¿Qué hace falta? Fortalecer la educación pública, destinar mayores recursos a la educación subvencionada y exigir mayor regularización en su financiamiento; desconcentrar el financiamiento y regularizar la escuelas de Municipios pobres en Corporaciones Educativas locales o regionales y terminar de una vez con la desigualdad que se produce entre colegios de Municipios pobres y ricos; otorgar más competencias a directivos de colegios y que éstos sean de primer nivel, además de que descanse en ellos parte de la responsabilidad y calidad educativa del recinto; regularizar la formación de profesores e incentivar medidas de especialización, así como aplicar exámenes nacionales para autorizar la enseñanza que se da a nuestros hijos, porque un profesor deficiente e ignorante refleja sus deficiencias no sólo en él mismo sino que también en sus treinta o cuarenta alumnos.
Todo esto y mucho más es necesario para revertir nuestra situación actual. Gran fuerza tiene el despertar ciudadano, que se ha traducido en movimientos tan importantes y reveladores como Educación 2020 o la conciencia generalizada de que debemos hacer algo para cambiar esta realidad.
Los resultados no
los veremos de
@lfelipevalencia





