
Hace unos cinco años fui a una gráfica para pedir la reproducción de una pintura de Bosch (Hieronymus Bosch, 1450-1516) llamada Mesa de los Pecados Capitales, un tema que me intriga mucho. Mientras aguardaba en el asiento, se acercó a mí un señor de unos noventa años. Súper simpático y lúcido, me saludó y tomó asiento a mi lado. Empezamos a hablar de cualquier cosa mientras esperábamos nuestros pedidos.
Él me comentó cómo hacia calor en Brasil, y yo le contesté que no me acostumbraba tampoco. Pronto nos dimos cuenta de que ambos éramos extranjeros, pero antes de que habláramos de nuestros países, su pedido estaba listo y lo llamaron. Me pidió permiso, todo prolijo, y se levantó. Me quedé mirándolo, pues tengo esa cosa “voyeur” que me acompaña a todos lados, y lo que no he visto antes ya me interesa pronto. Él tenía algo especial, quizás por su edad y lucidez. La gente más grande siempre trae una historia por detrás de sus ojos cansados por el tiempo. Nos despedimos un poco después y se fue. Nunca más lo vi. Y ese día se quedó dentro de mí.
Hizo su pago y me miró sonriente, pues habíamos hablado que a esa hora del día (medio día) era tiempo de tomar un buen vino con el almuerzo, y aún estábamos ahí amagando un calor horrible del verano brasileño. Así, lo vi llevando su brazo hacia los papeles que había pedido, y en ese momento el día de sol se hizo negro frente a mis ojos. Fui tomada por una angustia desesperante. Un par de preguntas sin respuestas, que ni siquiera yo sería capaz de hacer a ese simpático señor: en su brazo pude ver, expresivamente, una serie de números tatuados de manera grotesca. Y no hacia falta ninguna pregunta, pues la respuesta gritaba delante de mis ojos: campo de concentración.
En ese momento sentí algo raro que me hizo cuestionarme como ser humano: ¿hasta dónde sabía yo lo suficiente como para sentir el peso de la historia de la humanidad sobre mis espaldas, o sentía yo alguna especie de culpa en algo que nunca he entendido muy bien? ¿Y mis familiares? Todos somos descendientes de algo, y yo de alemanes también. Sentí de pronto cierta vergüenza, porque me acordaba de mi niñez con mi abuela que odiaba a negros y judíos, lo cual a mí me parecía chistoso en mi inocencia.
Ella nunca me habló de la Juventud Hitlerista, una organización que adoctrinaba a jóvenes de 14 a 18 años para hacer la voluntad del Führer. Así como ella, también estuvo ahí gente ilustre como el sociólogo y filósofo Jürgen Habermas y tantos más que se vieron envueltos en crímenes bárbaros. Entre ellos también se encontraba el propio creador de las leyes de Nuremberg, Wilhelm Frick. Éste fue “víctima” de sus propias reglas, el acontecimiento más conocido como “El Juzgamiento de Nuremberg, donde hubo 12 condenas a la muerte, 3 prisiones perpetuas, 2 condenas de 20 años, una de 15 años, una de 10 años y 3 absoluciones". Por otro lado, tantos otros se escaparon de sus hechos siendo exilados en otros países, protegidos por los gobiernos y otras autoridades compradas con las ganancias del horror que cometieron en su tiempo posible. Así como retrata la película-documental “Oro Nazi en Argentina”, de Rodolfo Pereyra, donde denuncia las extravagancias de los nazis refugiados en Bariloche y cercanías.
Y las curiosidades acerca del Holocausto son interminables, desde que el mayor confeccionista de las ropas de la J.H. y del propio Führer fue el estilista Hugo Boss en persona (que usó muchos prisioneros judíos, en trabajo esclavo, para coser sus colecciones para el nazismo), hasta la pasión enferma de Hitler hacia las composiciones de Richard Wagner (que, según él, éstas lo inspiraran en muchas de sus acciones), pero Wagner era irónicamente judío. Estas curiosidades también abarcan el romance casi bonito entre Hitler y Eva Braun, a pesar de las verdades inconvenientes, ya que él era hijo de madre judía y padre suizo, un artista plástico frustrado que se convirtió en Jefe de Estado y terminó como un dictador asesino de millones de personas como él.
El día de HOY, primero de mayo, es recordado por ser la fecha en que Auschwitz fue liberada por los soviéticos. Y el Yom Hashoá, la fecha oficial de la remembranza de los millones de judíos muertos en la II Guerra Mundial, es el 27 de “Nissan” (enero en el calendario judío, que es lunar, y por eso tiene fechas movibles de año en año en el calendario gregoriano, que es solar), siempre a fines de abril o a comienzos de mayo.
Hoy podemos reflexionar un poco sobre eso, para que la historia no se pierda jamás, pues es a partir de ella que nos convertimos en quienes somos hoy.
Para asistir y leer:
“Oro Nazi en Argentina”, de Rodolfo Pereyra.
Y la poesía "La Guerra Delante de Mis Ojos" de Sávio Assad.
Éste es mi primer artículo, y estaré aquí quincenalmente, así que… ¡Hasta luego chiquillos!
¡Buena lectura y un gran abrazo desde Brasil/Paraguay!
Solange De-Ré







Muchas veces pasamos por alto a las personas de edad avanzada y en nuestro apuro o indiferencia ahogados en la modernidad olvidamos q podemos pasar excelentes ratos absorbiendo sus experiencias, son pruebas vivientes de los cambios de la sociedad y actores de la historia, nuestros mismos padres tienen muchas cosas q contarnos y a veces así entender sus actitudes u opiniones frente a tanto cambio q para nosotros es lo común .... y la raza humana está llena de errores imbuidos en su egoísmo ... a veces solo miramos a lo lejos y nos dejamos empujar por la corriente...para ofrecer un buen futuro aprendamos del pasado...soy tan observador como tu ... excelente articulo .a la espera del sgte ;)
interesante el desarrollo del texto a partir de un cuestionamiento personal de crianza y la experiencia de una bonita tarde en brasil. En momentos hace sentir cercana la serie de sucesos, y una buena forma de mostrar la dicotomia existente de Hitler entre lo que hacia, y el motor de su actuar. Puntos para Solange
FUERTE !....
Gracias por el artículo, es muy interesante. De vez en cuando pasaré por acá.
¡Espero encontrar nuevas publicaciones!
Saludos,
VERO.